
Creemos en la existencia de un solo Dios Eterno, coexistente en tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo. La deidad y humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios Padre, su existencia con el Padre desde el principio compartiendo su Gloria, su nacimiento de María virgen quién concibió por el Espíritu Santo, su vida sin pecado y cumplimiento de toda la ley de Dios, los milagros realizados por El descritos en los evangelios su muerte en la cruz expiando nuestros pecados, llevando en sí mismo la maldición que nos correspondía a todos los pecadores, su resurrección corporal, su ascensión a la diestra del Padre y su próximo retorno a este mundo con todo Poder y Gloria. En la Iglesia del Señor Jesús en cada localidad que constituye el cuerpo místico de Cristo que está compuesto por todos los creyentes redimidos por El y que invocan el nombre de Jesús con limpia conciencia, un corazón puro y una fe no fingida. En todas las Sagradas Escrituras registradas en los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento, que componen la Biblia que es la palabra de Dios. Dichos libros han sido inspirados por el Espíritu Santo y constituyen la autoridad total y última para el gobierno de la Iglesia. En la obra del Espíritu Santo en cuanto a la convicción de pecado, arrepentimiento, en consolación, exhortación y santificación del creyente y la Iglesia. En la necesidad que tiene todo hombre de creer en la obra redentora de Jesús arrepentirse, recibir el perdón de sus pecados, bautizarse en agua y en el Espíritu Santo y de llevar una vida de fe para alcanzar la salvación. En la resurrección de los Salvos a la Vida Eterna y de los injustos a la condenación eterna.
Somos un pueblo santo, creado por Dios para su gloria, que le conoce y se deleita en Él.
"Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice" - Isaías 43:7
Somos un pueblo de Dios, apasionados por su amor, redimidos por la sangre de Jesucristo, haciendo discípulos por medio de la predicación del evangelio para manifestar la Gloria de Dios al mundo, en nuestras vidas y como iglesia, porque Jesús es el Rey de reyes y Señor de señores. (Mateo 28:18-20)